jueves, 4 de enero de 2007

De suma gravedad

Ya se sabía que algún día iba a pasar, la gravedad simplemente celosa de la huida del hombre a su influencia, desató su furia aplastando unas cuantas personas y asustando algunos animales, los pobres no tenían la culpa, a no ser claro, los domésticos que podrían considerarse cómplices.

Sospeché que sucedería cuando comencé a escuchar frases como: “retando a la gravedad”, “Violando la gravedad”, “jugó con la gravedad” y otras tantas igual de irreverentes. Nada bueno derivaría de aquello. Después simplemente tomé la decisión. Como un moderno Noe construí un arca del siglo XX, capaz de soportar los furiosos embates de mi enemiga.
Dilucidé un árbol fuerte, un roble por decirlo así. Tomé mis herramientas y pese a las burlas de amigos y transeúntes simplemente comencé: El techo debajo del piso. Un boquete para chimenea, por aquello del frío. Encajar la forma triangular del tejado entre las ramas, fue lo más difícil, pero el resto fue sencillo. Unas paredes rectas y fuertes, un par de ventanas para la ventilación. La entrada quedo muy arriba, prácticamente inalcanzable, pero me decidí a incrustar algunos peldaños. La Mesa y las sillas quedaron clavadas para que no cayesen de momento.

Tan solo faltaba una pareja de cada animal existente, pero al considerar el espacio, decidí tan solo buscar una para mí. Debo confesar que no fue nada sencillo, la resistencia de muchas mujeres a exiliarse en una casa invertida era evidente. La mayoría me miraba con menosprecio y se alejaba, pero al fin encontré a María. La idea, aunque extraña, le pareció divertida. Se subordino a mí y en poco tiempo estuvimos listos para la aventura. No fue difícil conocer el día de su venganza, sin duda a la gravedad le molestaría el escape de algunos incautos en una descabellada aventura para conquistar la luna. Al momento del despegue María y yo trepamos al piso y nos sujetamos con cuerdas.

¡Ya imagino el inmenso caos que se vive afuera!, por las ventanas no se ve mucho, pero observando con atención, miré como un pajarillo pasó volando. ¡Lo hacía de cabeza! El pobre, debió perder la cordura.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Me parece que cosas como estas son buenas para todos, me gustaria que vieras el mio aunque no recuerdo caul es, si me acuerdo te lo envío
Saludos

Vicente Guadarrama dijo...

Gracias José Luis, ya estoy trabajando en más historias, espero me digas que piensas de los cuentos.